11 de junio de 2018

(296).

Te escribí pensando en que podrías leerlo y si tenías ganas, responder. Pero nada, fue intentar una vez más un contacto que tú no deseas. Me duele el alma, llevo días llorando sin saber qué hacer.
Debería ser valiente e irme de este mundo de una vez por todas. No lo sé, de lo único que estoy segura es en pedir día a día que estés bien, encontrando esa paz y tranquilidad que tanto añoras. Que estés rodeado de gente que tú si quieres y en quienes confías.
Sólo espero lo mejor para ti, aunque eso signifique que me hayas borrado... quizás, para siempre.

24 de mayo de 2018

(295).

Te echo tanto, tanto de menos. 
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Te juro que he intentado seguir, pero tu recuero es latente... ¿me extrañarás?
¿Sentirás amor o ya estás viendo otros rumbos? 
Por tus actitudes, parece que sí y me rompe el alma imaginar que puede ser real.


18 de mayo de 2018

(294).


Quien iba a pensar que las cosas terminarían de esta forma, como si jamás hubiera existido el ayer entre tú y yo, siendo todo parte de mi imaginación.

Literalmente, como dice la canción de Ha-Ash, te conocí un día sin siquiera esperarte, tan sólo nuestros caminos se cruzaron provocando un gran big bang en nuestras vidas o al menos en la mía.

Verte fue como volver a tener 15 años y miles de mariposas revoloteando en mi estómago. No sabía cómo reaccionar ni qué decir, sólo sentía que debía abrazarte fuerte y esperar a que correspondieras el saludo. Conversamos, reímos y jugueteamos en el parque. Tus ojos siempre risueños y coquetos, no podía dejar de mirarte.

Sin pensarlo te besé. En un coqueteo, en un descuido tal vez, cerré mis ojos y dejé sentir tus labios sobre los míos. Las chispas volaron, estoy segura, como en las películas. Nos separamos, me miraste y esta vez tú iniciaste el beso. Si cierro los ojos puedo recordar con detalles esa escena: el sol escondiéndose entre las montañas, el viento soplando helado y nosotros en una fría banca de cemento. Nuestros corazones fueron los únicos testigos de aquel momento.

Desde entonces no quise separarme más de ti. Tal como llegaste, entraste a mi vida. ¿Estaba esperando que pasara esto? Para nada, fue un improvisto total que me embargó de emociones sinceras y abrumadoras, la ansiedad tomó el control y me dejé llevar.

Cada día a tu lado era único y especial. Aún tengo tatuado en mi memoria la primera vez que viniste a cuidarme, como olvidar que sin saber qué esperar, llegaste e hiciste de un mal día algo increíble.

Mis ojos se llenan de lágrimas al recordar cada paso que dimos juntos, a veces caen por mis mejillas sin cesar y otras permanecen acumuladas, creo que siempre serás un recuerdo en mi memoria, de esos que no se borran con nada.

25 de abril de 2018

(293).

Cometí el error de escribirte te extraño y no recibir nada a cambio. 
No sé cómo sanar este dolor, me gustaría ser tan insensible como tú.

23 de abril de 2018

(292).

Desde hace unos días tu recuerdo es intermitente y doloroso, siendo hoy el peor de todos.
No dejo de llorar, de leer tus palabras, de escuchar los audios que llevan congelados más de tres meses. He tratado, ¿sabes?, de no pensar, de buscar otras formas, pero no lo logro, por más que lo intento.
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Me pregunto a cada minuto cómo estarás, cómo va todo, si tú también te has acordado de mí en algún momento. Ilusamente quiero pensar que sí, que a veces te haces esa pregunta, pero sé que es imposible. Si así fuera, me darías alguna señal y eso no ha pasado, me da tanta pena confirmar de que no te importa nada de mí...
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Estoy destruída, ya no quiero más. Todo sería más fácil si dejara de vivir, ya no habrían lágrimas, ni noches en vela. Ya no existiría el corazón roto que dejaste y no miraste atrás.