19 de septiembre de 2016

(284).

Quizás el mundo sería más feliz si dejera de existir. Cada día lo pienso más y más, y puede que haya llegado la hora de partir.

4 de abril de 2016

29 de marzo de 2016

(282).

Año 2014  y yo te conocí (creo). Te vi y no pude sacarte más de mi mente. No sé si seré capaz de hacerlo pronto, eres lo que se podría conocer como el segundo amor de mi vida. Sé que es unilateral y que es un sueño, de esos efímeros pero hermosos, el que alguna vez me veas con otros ojos. Ni siquiera somos amigos.
Pero cuando el corazón elige no queda de otra. Cuando los sentimientos están a flor de piel sin ni siquiera andar buscando es porque el destino así lo quiso. Para bien o para mal debía suceder tal como ahora porque está escrito en las estrellas.
Quisiera vivir eternamente en Plutón (¿o Saturno?), guardar en un cofre las palabras para que no se las lleve el viento, no olvidar los gestos por pequeños que hayan sido. Rememorarlos es sentir esas emociones otra vez, que lo que pasó sólo pasó y regresar al cielo, donde en mi imaginación tu sentiste lo mismo que yo.
La magia de esos días no la olvidaré nunca, está grabada con fuego en mi cabeza porque son bellos recuerdos que vinieron a reemplazar los amargos que una vez dejé que invadieran todo. Para muchos son tonteras, pero estos tesoros son míos y hacen que todo tome otro color.
Porque soñar ya es avanzar la mitad del camino, aunque sea sola y a base de memorias perdidas. Gracias por dedicar un minuto de tu vida a la mía.

1 de marzo de 2016

(281).

Esta vez no fui quien huyó de la escena del crimen.

21 de febrero de 2016

(280).

Los amores de verano siempre son impredecibles. Sin importar la edad que uno tenga, la adrenalina que corre por el cuerpo al tenerlo es indescriptible. Las miradas furtivas, las sonrisas tímidas y los coqueteos son parte del principio. Cuando eso pasa todo lo que viene es cosa de tiempo. 
Sí, porque va en contra y no se puede detener. Llega el fin del verano, dos meses llenos de atardeceres y suspiros, pero que dan paso a la realidad. Al mirar hacia atrás, una sonrisa melancólica aparece en los labios y las lágrimas se concentran en los ojos, una que otra quiere salir. 
Y aunque se conoce de memoria el final uno no puede evitar querer que dure un poco más.